BARÓN ROJO: La objetividad brilla por su ausencia...
Ya tenía delito que servidor llevara tantísimo tiempo, casi 3 años, sin ver en directo a sus (mis) admirados Barón Rojo. Un orgullo el pasearme por las calles con su nombre en el pecho, un gustazo el reencuentro. Un cañón a la batería llamado José Martos, un tipo entrañable, experimentado y solvente a su bajo es Ángel Arias y dos maestros, MAESTROS, los hermanos Carlos y Armando de Castro a las guitarras. A las afueras del pueblo tarraconense de Calafell nos trasladamos para disfrutarlos en un evento singular, la XVII Reunión Harley Davidson de dicha localidad.

Una
patada en el culo para aquellos que dicen que siempre hacen el mismo concierto
es el set-list de esta gira que sigue al estupendo “Ultimasmentes”: grandes
sorpresas entre los clásicos de toda la vida y una considerable presencia de los
nuevos temas. Como Armando adelantaría más tarde alternaron ambos tipos,
abriendo con el
instrumental
“Primerasmentes” enlazado con “Tu infierno”. Grato por lo
inesperado resultó “Los desertores del rock”, así como “El malo” o
ese himno imperecedero (uno de tantos) llamado “Larga vida al rock and roll”.
Cayeron más temas de su última referencia hasta la fecha: “Hombre de las
cavernas”, “Al final perderán” , “Caballo desbocado”… espero poderles ver
ejecutar algún día ese “Rock and Roll Gang” que lleva el mejor riff de todo el
disco. Eché de menos esa y otras muchas.
Porque Barón Rojo son grandes. Que digo grandes, inmensos. Solo ellos pueden dejar de tocar “Siempre estás ahí”, “Breakthoven” o “Caso perdido” y marcarse un conciertazo. Eso suele pasar con los grandes grupos, siempre añoras algún tema más, dígase “Vendiendo el juicio final”, “Cueste lo que cueste”, “La voz de su amo”, “Hiroshima”, “Son como hormigas”…y siempre quedas satisfecho.
Destaquemos
más cortes que SÍ estuvieron: “Concierto para ellos”,“Volumen Brutal”,
“Incomunicación”, “Hermano del rock and roll”, “Cuerdas de acero” (¿Quién
dijo que los hermanos de Castro eran solo buenos músicos?), “Con botas
sucias” (intercalando oportunamente, la ocasión lo merecía, una estrofilla
de ese himno “motero”, “Born to be wild” de Stephenwolf), “Los rockeros van
al infierno” (medley de rigor con “Smoke on the water” y “Highway to hell”
incluidos) y retirada.
Primer y único bis, Ángel Arias asume las funciones de vocalista para aportar ese detalle curioso y atractivo al concierto que ya aporta en “Últimasmentes” cantando el “Nada que hablar”. Y lo que sigue y finiquita… nuestras cuerdas vocales: “Barón Rojo”, “Resistiré” y el único borrón a la voz, pletórica toda la noche, de Carlos de Castro, el ineludible “Hijos de Caín”, alargado hasta la saciedad o, mejor dicho, hasta el gozo, el orgasmo musical. Agradecimientos, lanzamiento de púas, baquetas, vítores y ese experimento “gregoriano” que cierra y titula la última obra maestra hasta la fecha del mejor grupo de los últimos 25 años. ¿Forofo yo? Otro día se lo cuenta otro menos ultra, oiga.
Crónica: PaE y Su GuiTarrA
Fotos www.baronrojo.net