CRÓNICA DE UN CONCIERTO ANUNCIADO

 

Poncho K eligió la Sala Copérnico para presentar su cuarto y último disco en Madrid.

- 22.05: En la sartén dispuestos a todo, el público asistente se impacienta ansioso por dejarse llevar de la mano y del sentimiento del poeta sevillano. No se hizo esperar. Minutos más tarde, Cantes valientes inundaba el aire creando el ambiente perfecto para lo que nos esperaba.

La receta era inmejorable; emoción y cercanía aderezada con una pizca de picardía y recubierta de una capa de desparpajo hicieron las delicias de la audiencia. Un comienzo light que poco a poco fue adquiriendo un sabor contundente, sabor a rock callejero. Todo estaba preparado. Después de hervirnos (literal por el calor que hacía), Poncho sacó del horno el complemento perfecto, Iñaki Antón. El Uoho acarició las cuerdas de la guitarra del andaluz como él sólo sabe. La sala vibró y las notas restallaban en los oídos provocando un fervor apasionado a una sola voz.

El plato estaba servido. Aún así faltaba todavía el aliño perfecto, Manolo Kabezabolo. El público se desmadró al son de véndemelo, véndemelo. Ya sólo faltaba comerse el concierto. Entre recuerdos de antiguos trabajos...yo quiero ser, un perro como tú.....no kiero empates...y de otros no tanto, se iba despidiendo de su gente...me abro, que tengo reunión conmigo mismo en el salón de no sé dónde ni por qué...Subidón. Poncho se tira al público que a caballo entre inconscientes e inocentes prometen evitar la hostia. ¿La verdad?, le fue mejor que a Kutxi.

La última traca y pa’ casa, aunque sólo faltaba que después de digerirlo todo, nos acostaran y acunaran con la Nana a un cocodrilo.

Crónica: Celia Escudero Vázquez